Quizá el paseo que necesitáis no se parece al paseo de los demás.
Hay paseos que, desde fuera, parecen completamente normales.
Y hay otros en los que salir de casa ya implica mirar quién viene por la acera, calcular por dónde pasar, decidir si merece la pena girar la esquina o preguntarse si hoy habrá suficiente espacio para evitar “ese” encuentro.
Cuando convives con un perro sensible o reactivo, el paseo puede convertirse en mucho más que salir a caminar.
Puede significar observar, anticipar, tomar decisiones, gestionar situaciones y tratar de que los dos lleguéis a casa con algo de energía todavía.
Durante mucho tiempo pensamos que un buen paseo era aquel en el que el perro caminaba bien, no reaccionaba ante nada y podía recorrer kilómetros sin dificultad.
Hoy lo vemos de otra manera.
Para nosotros, un paseo tranquilo con un perro sensible o reactivo no es necesariamente el más largo ni el más perfecto.
Es un paseo que vuestro perro puede gestionar y en el que vosotros también podéis respirar.
Qué entendemos realmente por un paseo tranquilo
Para muchos el paseo bueno consiste en cumplir determinadas condiciones.
Que el perro camine sin tirar.
Que pase junto a otros perros sin reaccionar.
Que pueda ir por lugares concurridos.
Que salude de manera adecuada (cuidado, cuidado: “a todos”).
Que haga una determinada cantidad de kilómetros.
Que vuelva a casa “cansado”.
Pero cuando tienes un perro que lo pasa mal con determinadas situaciones, empiezas a descubrir que muchas de esas ideas tienen poco que ver con cómo está realmente vuestro perro.
Un paseo puede durar una hora y haber sido agotador para los dos.
Y otro de veinte minutos puede terminar con la sensación de: “Hoy hemos estado bien.”
Eso también cuenta.
Algunos de los mitos que más nos hemos encontrado
“Tiene que acostumbrarse.” – Exponerse una y otra vez a aquello que le supera no significa necesariamente que esté aprendiendo a gestionarlo.
“Tiene que caminar más para cansarse.” – Centrarse únicamente en el cansancio físico puede hacer que pasemos por alto otras necesidades importantes del perro.
“Si no se relaciona con otros perros, no socializa.” – No todos los perros necesitan saludar a todos los perros que encuentran.
“Un buen paseo tiene que ser largo.” – La duración no dice por sí sola cómo ha sido la experiencia.
“Si ha reaccionado, lo estamos haciendo mal.”– Hay días mejores y peores, donde aguantamos más y donde no soportamos a nada. Un día difícil no borra todo lo aprendido ni significa necesariamente que algo haya ido mal.
Convivir con un perro sensible nos ha obligado a cambiar bastante la pregunta.
Ya no es tanto: “¿Cómo conseguimos que aguante esto?”
Sino: “¿Qué podemos cambiar para que esto le resulte más fácil de gestionar?”
No todos los perros pueden gestionar el mismo paseo
Esta es probablemente una de las cosas que más hemos tenido que aprender: el mismo paseo puede ser completamente diferente para dos perros.
Para uno, cruzarse con cinco perros, pasar junto a una terraza llena de gente y caminar por una avenida puede no suponer demasiado.
Para otro, esa misma combinación puede ser muchísimo.
Y además, no siempre es el mismo día.
El sueño, el cansancio, el dolor, el calor, los cambios en el entorno, una experiencia anterior o simplemente cómo se encuentra ese día pueden cambiar lo que un perro puede gestionar.
Por eso no creemos que exista una receta universal para conseguir “el paseo perfecto”.
Por eso, cuando pensamos en cómo pasear a un perro reactivo, no podemos separar al perro del contexto en el que se encuentra.
Hay perros que necesitan más espacio.
Otros necesitan evitar determinados lugares.
Otros se benefician de poder olfatear y explorar a su ritmo.
Otros necesitan un material que permita colocarlos y acompañarlos de una manera más cómoda.
Y muchas veces necesitamos combinar varias de estas cosas.
No se trata de darle menos vida al perro.
Se trata de construir una vida que pueda vivir bien este individuo.
La distancia también es una herramienta
Una de las cosas que más cambia un paseo con un perro reactivo es algo tan sencillo como la distancia. Aunque no siempre podemos evitar aquello que desencadena una reacción.
Pero sí podemos preguntarnos: ¿Podemos aumentar el espacio?
- Cambiar de acera.
- Dar un rodeo.
- Esperar unos segundos.
- Entrar en una calle más tranquila.
- Apartarnos de un camino.
- Elegir una hora con menos movimiento.
Desde fuera puede parecer que simplemente estamos “evitando”.
Pero en un paseo con un perro reactivo, aumentar la distancia puede ser una de las herramientas que más margen nos dé para gestionar determinadas situaciones.
Y aquí hay algo que para nosotros ha sido fundamental:
no todas las decisiones del paseo tienen que ser una prueba.
No necesitamos demostrar que nuestro perro puede pasar por todos los sitios.
No necesitamos aprovechar cada encuentro para comprobar cuánto aguanta.
A veces, la decisión más útil es simplemente: “Hoy vamos por aquí.”
Aprender a observar antes de que aparezca la reacción
Con el tiempo empiezas a reconocer cosas que antes quizá pasaban desapercibidas.
● Una mirada que se queda fija.
● Un cambio en el ritmo.
● El cuerpo que se tensa. Las orejas. La forma de cerrar la boca.
● Una atención repentina hacia algo.
● Un perro que deja de explorar el entorno.
No significa que podamos anticiparlo todo.
Ni que siempre vayamos a llegar a tiempo.
Pero aprender a observar esos pequeños cambios puede ayudarnos a tomar decisiones antes de llegar al punto en el que todo resulta mucho más difícil.
Y esto es algo que hemos aprendido sobre todo gracias al trabajo con profesionales.
No porque exista una fórmula mágica, sino porque alguien con experiencia puede ayudarte a ver cosas que tú todavía no sabes interpretar.
Tener un profesional adecuado puede cambiar mucho el camino
Cuando convives con un perro reactivo, es muy fácil acabar rodeado de consejos.
Que hagas esto. – Que no hagas aquello.
Que ignores. – Que corrijas.
Que te acerques. – Que te alejes.
Que necesitas cansarlo. – Que necesitas socializarlo.
Y al final puedes tener muchísima información y seguir sin saber qué hacer cuando tienes delante a tu perro.
A nosotros nos ha pasado.
Y una de las cosas que más nos ha enseñado trabajar con buenos profesionales es precisamente esto:
no existe una receta mágica que vaya a convertir a un perro en “mejor”.
Entre otras cosas, porque primero habría que decidir qué significa para muchos ese “mejor” universal. ¿Que no reaccione nunca? ¿Que pueda ir a cualquier sitio?¿Que tolere cualquier situación?- En ese punto, quizá el problema esté en nuestra definición de “mejor”.
Para nosotros, el cambio empezó cuando dejamos de buscar cómo conseguir que nuestro perro fuera diferente y empezamos a aprender qué nos estaba diciendo y qué necesitaba de nosotros.
De lo poco que sí que podemos hacer por ellos, es:
Aprender a entenderles
Un buen profesional puede ayudarte a ver cosas que, cuando estás dentro de la situación, no siempre es fácil ver:
Entender qué puede haber detrás de una reacción y qué necesita en ese momento.
No hay una única respuesta: depende del perro, del momento y de lo que esté ocurriendo alrededor.
La misma situación puede ser muy diferente según el espacio, los estímulos o incluso la hora del día.
Aprender qué puedes hacer en cada situación te da más opciones y, sobre todo, más seguridad para decidir.
No va a solucionar la reactividad, pero un arnés o una correa que se adapte bien puede quitar una dificultad innecesaria.
A veces no necesitamos seguir intentando. Necesitamos volver a casa, bajar estímulos y descansar.
Al final, de eso se trata
Un buen profesional no te enseña a conseguir que tu perro sea como otro perro.
Te ayuda a entender a tu perro, reconocer qué necesita y aprender a acompañarlo en diferentes situaciones.
No el perro del vecino.
No el perro de Instagram.
No el perro que alguien dice que “debería” ser.
El perro que tienes delante.
Y quizá esa sea una de las cosas más valiosas que hemos aprendido en este camino:
No necesitamos aprender a cambiar a nuestro perro.
Necesitamos aprender a acompañarlo mejor.
Cómo elegir un arnés y una correa según vuestro paseo
No creemos que exista “el mejor arnés” para todos los perros.
La pregunta que nos parece más útil es:
¿Qué necesita este perro y qué necesitamos nosotros para acompañarlo?
Porque no es lo mismo un perro al que le incomoda pasar el arnés por la cabeza que uno que lo tolera bien. Ni un perro que necesita priorizar determinadas características de seguridad que otro que busca sencillez y libertad de movimiento.
Elegir según lo que necesitáis
H EasyFit. Para perros que toleran bien la colocación del arnés y para quienes buscamos un diseño sencillo y fácil de utilizar.
H CalmFit. Sin necesidad de pasar el arnés por la cabeza. Una opción para perros a los que esa manipulación les resulta especialmente incómoda.
H Stay Safe. Para cuando necesitamos añadir un extra de seguridad al paseo, con tercer punto de sujeción y asa.
QuickFit. Una opción de inspiración noruega para determinados perros y formas de paseo. No es una opción universal, especialmente si existe tendencia a tirar.
¿Y la correa?
También importa cómo se adapta la correa a vuestro paseo.
Longitud, anchura, mosquetón, peso o incluso la forma de sujetarla pueden marcar una diferencia en el día a día.
Por eso encontrarás diferentes opciones y, en algunos modelos, puedes configurarla según vuestras necesidades.
Una última cosa
El material adecuado no soluciona la reactividad, no sustituye el trabajo con un profesional ni convierte mágicamente un paseo difícil en un paseo fácil. Pero sí puede quitar una capa de dificultad.
Por eso no empezamos preguntándonos:
“¿Cuál es el mejor?”
Sino:
“¿Cuál tiene sentido para el perro que tengo delante y para el paseo que hacemos juntos?”
→ Descubre la colección PASEOS de Lovinu.
Un buen paseo no tiene por qué parecerse al de los demás
Quizá esta sea la idea que más nos hubiera gustado escuchar al principio.
Que no teníamos que conseguir el paseo que vimos del otro perro, otros dueños.
Que no era necesario terminar cada paseo pensando que recorrido mas guay hemos hecho.
Porque quizá vuestro buen paseo sea caminar veinte minutos por una zona tranquila.
Quizá sea poder olfatear o encontrar distancia antes de que aparezca una situación complicada.
Quizá sea cruzarse con un perro y conseguir continuar o simplemente volver a casa sin que ninguno de los dos esté completamente agotado.
Y quizá mañana sea diferente.
Eso no significa que estemos haciendo menos.
Significa que estamos aprendiendo a mirar el paseo desde el perro que tenemos delante, no desde el paseo que creemos que deberíamos tener.
Porque un paseo tranquilo no tiene que parecer perfecto.
El material no resuelve por sí solo un paseo difícil.
Pero cuando está bien elegido, puede quitar una capa de dificultad.
Hemos creado la colección PASEOS pensando precisamente en eso: diferentes perros, diferentes necesidades y diferentes formas de caminar juntos.
→ Descubre la colección PASEOS de Lovinu.
Y si no tienes claro qué material puede encajar mejor con vuestro caso:
→ Haz nuestro quiz y descubre por dónde empezar.
Psst. Have you been enjoying this post? Make sure to save it to your
Pinterest account for later or share it with someone who may find it useful.
Realizado gracias a:











